Es muy importante saber distinguir entre lo que es una alteración del estado de ánimo inducido por sustancias, muy relacionado con la intoxicación y la abstinencia; de lo que es propiamente dicho la intoxicación por sustancias y la abstinencia de sustancias.
Para poder diagnosticar trastorno de ánimo inducido por sustancias, los síntomas deben exceder significativamente a los síntomas producidos por una intoxicación o una abstinencia, ya que deben merecer una atención clínica diferencial.
Si la alteración del estado de ánimo inducida por sustancias aparece única y exclusivamente durante el transcurso de un delirium, los síntomas se consideran característicos del delirium, y por lo tanto, no se diagnostica este trastorno.
Para poder distinguirlo de un trastorno primario, se debe tener en cuenta que en el trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias, una sustancia es la que está etiológicamente relacionada con los síntomas.
Cuando un sujeto está recibiendo tratamiento por una enfermedad mental o médica, para que se pueda diagnosticar un trastorno del estado del ánimo inducido por sustancias, los síntomas deben comenzar cuando se está tomando el medicamento, o bien durante la retirada del mismo, siendo, en este caso, los síntomas producidos por la abstinencia a dicha sustancia. Si embargo, si lo síntomas persisten más allá de cuatro semanas, ya debe considerarse la posibilidad de otras causas que alteren el estado del ánimo.
Cuando el clínico considera que los síntomas que constatan una alteración del estado del ánimo son consecuencia directa de los efectos de una enfermedad que padece dicho sujeto, el clínico debe albergar el diagnóstico de trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica. Normalmente es la historia clínica, la que ayuda al experto a considerar dicha posibilidad. Si en estos casos, el clínico determina que la alteración es debida tanto al consumo de alguna sustancia como a la enfermedad médica que posee, pueden realizarse ambos diagnósticos. Si, por el contrario, el clínico no posee datos suficientes y concluyentes de que la alteración en el estado de ánimo es causa de una sustancia o bien de una enfermedad médica, el diagnóstico más apropiado será el de trastorno depresivo no especificado o trastorno bipolar no especificado.
En los Criterios Diagnósticos de Investigación de la CIE-10, este trastorno viene recogido con el nombre de trastorno afectivo residual debido al consumo de sustancias.
A lo largo de los siguientes puntos vamos a tratar de dar información sobre la esquizofrenia y otros trastonos psicóticos, empezando por una revisión histórica de este término y tratando más adelante cada subtipo de una manera más específica.
Evolutivamente el término esquizofrenia hace referencia a mente dividida (mente escindida).
Ya en el año 1400 a.C., en el Ayur Veda de la antigua India se describe una condición que podría corresponder a la actual esquizofrenia y para la que recomendaba meditación y técnicas de encantamiento para su tratamiento.
Pero hasta pasada la edad Antigua, donde no ocurre nada sobresaliente en el campo de la esquizofrenalogía, no volveremos a encontrarnos una posible referencia que nos haga sospechar de una mención al término del que se habla. Es a partir de la Ilustración, donde se ponen en auge los progresos en el campo de la psiquiatría y hay una nueva preocupación por los aspectos éticos de la medicina, por lo que la idea de que las alteraciones mentales se deben a posesiones demoníacas, como se consideraba en épocas antiguas, desapareció. Es en este momento cuando las alteraciones mentales pasaron a ser enfermedades.
En estos nuevos tiempos podemos destacar a Philippe Pinel (1755-1826); sin embargo la psiquiatría moderna, tal y como la conocemos, nació en Alemania a finales del s. XIX, con, entre otros autores, Kraëpelim y Bleuler.
En 1856, Morel, que fue contemporáneo de Kraëpelim, ya introdujo el término demencia precoz, para nombrar el caso de un adolescente brillante que se volvió aislado, apático y callado.
En 1868, Sander, introduce el término de paranoia para catalogar a un grupo de sujetos que tienen sentimientos de ser maltratados, perseguidos y/o humillados.
En 1870 Hecker, utiliza el término hebefrenia, para distinguir un cuadro clínico que empieza en la adolescencia, y donde hay una perturbación mental que lleva al deterioro del sujeto.
En 1896, Kraëpelim, retoma de nuevo el término demencia precoz, y hace una descripción de ésta, que aún sigue teniendo vigencia en la actualidad. En esta descripción se sigue poniendo de manifiesto el inicio temprano y la toma como oposición a la psicosis maniaco-depresiva (ya que ésta no tiene el inicio temprano). A la par subdivide el término esquizofrenia en distintas clases: paranoide, catatónica y hebefrénica. Más tarde Bleuler añadirá una nueva categoría: esquizofrenia simple.
En 1900, aparece la obra de Freud La interpretación de los sueños, donde se sientan las bases de la terapia psicoanalítica; y se da un empujón al concepto de esquizofrenia.
En 1911, Bleuler sustituye el término demencia precoz por el de esquizofrenia, ya que consideró que la esquizofrenia no conlleva siempre un deterioro cognitivo del sujeto, mientras que la demencia sí. Para Bleuler, la esquizofrenia consistía en el relajamiento de las asociaciones entre los pensamientos, los sentimientos y la conducta con unos síntomas secundarios constituidos por ideas delirantes, alucinaciones y perturbaciones conductuales.
Más tarde diversos autores han seguido modificando la definición de esquizofrenia; entre los que destacan, Kasanin (1933) que introdujo el término esquizoafectivo para designar a un grupo de esquizofrenia en la que además de haber el trastorno formal del pensamiento hay alteraciones afectivas importantes, tanto en el sentido de manía, como en el de depresión.
Otro autor que siguió matizando el término de esquizofrenia fue Langfeldt (1939) que distingue entre proceso esquizofrénico (inicio temprano, desorganización mental y deterioro) de reacción esquizofrénica (cuadro menos severo, mejor ajuste social y laboral y capaz de remitir; o bien parcial, o bien totalmente; por lo que no siempre conlleva un deterioro progresivo).
Ya en 1952, en la primera edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) de la Asociación Psiquiátrica Americana se clasifica a la esquizofrenia como reacciones esquizofrénicas e incluye distintos tipos: simple, hebefrénico, catatónico, paranoide, agudo indiferenciado, crónico indiferenciado, tipo esquizofrénico-afectivo, tipo infantil y tipo residual.
A partir de ahí las investigaciones han seguido avanzando y actualmente ha sido publicado el DSM-IV TR, donde se plasman los nuevos adelantos en la materia, y donde se contemplan los siguientes tipos de esquizofrenia:
Tipo paranoide.
Tipo desorganizado.
Tipo catatónico.
Tipo indiferenciado.
Tipo residual.
El manual diagnóstico DSM-IV propone una serie de criterios diagnósticos para la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Vamos a tratar las características diagnósticas, los diferentes subtiposs, los síntomas y trastornos asociados y los síntomas dependientes de la cultura, edad y sexo.
El sujeto que padece esquizofrenia suele presentar un afecto inapropiado; con ello nos queremos referir a una sonrisa o expresión facial tonta en ausencia de estímulos apropiados, por ejemplo; lo cual suele ser una de las características definitorias del tipo desorganizado. La anhedonia es bastante frecuente y consiste en una pérdida de interés o de placer. Otro síntoma que se da a menudo es el humor disfórico que puede tomar forma de depresión, ansiedad o ira. Pueden ocurrir también alteraciones en el sueño. Como consecuencia de las ideas delirantes puede que los sujetos rechacen los alimentos. Se observan a menudo alteraciones motoras del tipo de balanceos, inmovilidad apática o por ejemplo alteraciones en la marcha. Son evidentes también alteraciones en la memoria, la atención y la concentración.
La mayoría de los sujetos que presentan esquizofrenia suelen tener una nula conciencia de que presentan un trastorno psicótico (lo que se ha designado con el término anosognosia) y los datos que se tienen acerca de esta falta de conciencia, sugieren que no es una estrategia para hacer frente a la enfermedad, sino, más bien es una manifestación más de dicha enfermedad. Debido a esta anosognosia, el individuo está expuesto a un mal cumplimiento terapéutico, lo que es causa de elevadas tasas de recaídas, de un mal funcionamiento social y a un mal curso de la enfermedad.
Puede presentarse despersonalización y preocupaciones somáticas que alcanzan en numerosas ocasiones proporciones delirantes. La ansiedad y las fobias son habituales la esquizofrenia, al igual que las anormalidades motoras como posturas o manierismos raros, comportamientos rituales o estereotipados.
Suelen tener una esperanza de vida menor que el resto de la población general, lo que es debido a diversas causas. El suicidio es una de las razones de esta afirmación, ya que según datos del DSM-IV TR aproximadamente el 10% de los sujetos que poseen esquizofrenia se suicidan, y entre el 20 y el 40% llevan a cabo, al menos, un intento durante al curso de la enfermedad. Además, el riesgo de suicidio es más elevado durante los periodos pospsicóticos.
Numerosos estudios han puesto de manifiesto que individuos diagnosticados de esquizofrenia presentan una mayor incidencia de conducta violenta; pero debería recalcarse que la mayoría de individuos que padecen esquizofrenia no son más peligrosos que la población general.
Existen elevadas tasas de comorbilidad del trastorno con determinadas sustancias y enfermedades. Así, la dependencia a la nicotina es especialmente alta ya que entre el 80 y el 90% de individuos con este trastorno son fumadores habituales. La comorbilidad de la esquizofrenia con los trastornos de ansiedad es también especialmente alta, normalmente con trastornos obsesivo-compulsivos y de trastornos de angustia. Se suelen dar trastornos esquizotípicos, esquizoides y paranoides al inicio de la enfermedad; pero no está claro si constituyen un trastorno distinto o si son pródromos de la esquizofrenia.
Se han asociado diversos factores prenatales y de la niñez que incrementan el riesgo de padecer esquizofrenia; uno de ellos es por ejemplo una infección del sistema nerviosos central en la infancia.
No se ha identificado ningún hallazgo que permita diagnosticar esquizofrenia. Aún así diversos estudios neuropsicológicos, neurofisiológicos y de neuroimagen han mostrado diferencias en cuanto el tamaño de los ventrículos laterales, siendo éstos más grandes en sujetos que padecen esquizofrenia en comparación con sujetos del grupo control. se ha encontrado también una disminución del tejido cerebral que se evidencia por una mayor amplitud de los surcos corticales y por la disminución de la sustancia gris y blanca; sin embargo no hay un acuerdo en tanto que esta disminución se deba a un proceso focal más difuso. Si se analiza el cerebro por zonas, se ha observado de manera sistemática la reducción en el volumen del lóbulo temporal y en algunos casos del lóbulo frontal. En el lóbulo temporal se han encontrado alteraciones focales como la reducción sistemática del volumen del hipocampo, amígdala y córtex entorrinal (todas ellas son estructuras temporomediales), así como del giro temporal superior y del planum temporale.
Otro hallazgo observado es el aumento del tamaño de los ganglios basales, pero cada vez va habiendo más evidencia de que se trata de un efecto debido al tratamiento con neurolépticos clásicos.
En estudios de neuroimagen funcional se ha visto una disminución relativa del flujo sanguíneo cerebral y del metabolismo en la región frontal (hipofrontalidad); sin embargo cada vez hay más evidencias de que existen anormalidades más extensamente distribuidas que afectan a los circuitos corticosubcorticales.
Los déficits neurológicos más evidentes se encuentran en las diversas habilidades cognitivas, ya sea la memoria, las habilidades psicomotoras, la atención y la dificultad para cambiar la pauta de respuesta. Estos déficits se presentan en los individuos crónicamente enfermos de esquizofrenia, pero cada vez hay más evidencia de que estos déficits se hallan ya en individuos que sufren su primer episodio psicótico e incluso con anterioridad a la administración de fármacos antipsicóticos. Se cree, por ello, que estos déficits neuropsicológicos reflejan más características de la enfermedad y que pueden ser posibles factores de vulnerabilidad para presentarla. Los déficits comentados son clínicamente significativos porque están estrechamente relacionados con la dificultad que presentan estos sujetos con las actividades de la vida diaria e incluso con su capacidad para poder rehabilitarse en el plano psicosocial. Por todo esto la gravedad de dichos déficits neuropsicológicos son un factor relativamente importante para predecir la evolución.
Las alteraciones neurofisiológicas más habituales en los sujetos que padecen esquizofrenia son los déficits en la percepción y en el procesamiento de estímulos sensoriales, movimientos oculares de seguimiento suaves y movimientos oculares sacádicos anormales, tiempo de reacción enlentecido, alteraciones en la lateralidad cerebral y anormalidades en los potenciales evocados.
Los sujetos diagnosticados con esquizofrenia pueden presentar los llamados “signos neurolépticos menores” como son la confusión derecha/izquierda o la coordinación pobre.
Normalmente el hallazgo físico más comúnmente asociado son las anormalidades motoras; aunque la mayoría de éstas tienen relación con los efectos secundarios de la medicación antipsicótica, donde se incluyen la discinesia tardía, parkinsonismo, acatisia aguda, distonía aguda y síndrome neuroléptico maligno, entre otros.
Hay que tener muy en cuenta las diferencias culturales a la hora de diagnosticar la esquizofrenia, debido a que, por ejemplo, ideas delirantes que pueden aparecer en una cultura, puede que en otras sean corrientes. Por otra parte la evolución del lenguaje desorganizado puede hacerse difícil debido a variaciones lingüísticas y expresivas de las distintas culturas. Existen indicios en diversos estudios, en concreto los llevados a cabo en Reino Unido y Estados Unidos, de que se tiende a sobrediagnosticar esquizofrenia en algunos grupos étnicos, como por ejemplo en afroamericanos y asioamericanos. Se han encontrado además diferencias culturales en la presentación, curso y evolución de la esquizofrenia, así, por ejemplo, la esquizofrenia con comportamiento catatónico se ha visto que es más frecuente en los países del este.
Por otra parte, también existen diferencias en cuanto a los síntomas que ocurren dependiendo de la edad de comienzo de la enfermedad. La esquizofrenia suele manifestarse en los últimos años de la 2ª década de la vida y en la mitad de la cuarta. Excepcionalmente se han diagnosticado casos de esquizofrenia en la infancia, con la consiguiente dificultad que ello entraña, debido a que, por ejemplo, si el niño/a desarrolla ideas delirantes o alucinaciones, éstas son menos elaboradas. El lenguaje desorganizado que se presenta en los niños puede ser causa de otros problemas infantiles y no tratarse específicamente de esquizofrenia.
Diversos resultados implican que la forma de manifestación de la esquizofrenia en hombres y mujeres es distinta. Así, por ejemplo, la edad de aparición más frecuente de la enfermedad en hombres se encuentra en el intervalo de los 18 a los 25 años, mientras que en las mujeres está entre los 25 y los 45.
Los hombres tienden a expresar una sintomatología más afectiva con ideas delirantes, paranoides y alucinaciones; mientras que las mujeres tienden a expresar más una sintomatología negativa; sin embargo todo esto tiende a atenuarse con la edad. Se ha demostrado una incidencia ligeramente superior en hombres que en mujeres.
La esquizofrenia es una patología que se ha observado en todo el mundo. La incidencia anual actualmente, y según los últimos estudios es de 0.5 a 5.0/10000; sin embargo, la investigación también nos sugiere que el síndrome se haya infradiagnosticado en los centros médicos.
Los distintos estudios de cohorte han mostrado variaciones geográficas e históricas en esta patología, debido a que estos estudios señalan que se darían más en las ciudades y en las clases sociales bajas, pero esto es discutible, debido a que el paciente esquizofrénico puede descender de clase social debido a la misma enfermedad.
Se piensa también que la enfermedad podría tener algunas características estacionales, pero no está muy claro aún.
El inicio de la patología puede ser brusco e insidioso, pero en la mayoría de los sujetos existe una fase de inicio lento y gradual donde se desarrollan diversos signos y síntomas; por ejemplo, se suele comenzar por un aislamiento social, deterioro de la higiene y del aseo,…
En dicha fase los familiares no saben lo que le está pasando al paciente pero suelen pensar que el sujeto está pasando una etapa difícil en su vida; pero, en un momento dado, cuando se empieza a manifestar algún síntoma de la fase activa es cuando se califica el trastorno como una incipiente esquizofrenia. La edad de comienzo de la enfermedad tiene un significado importante para el pronóstico; los sujetos con un inicio más temprano suelen ser hombres y tienen una peor adaptación premórbida, más bajo nivel de estudios, más signos y síntomas negativos, o por lo menos más sobresalientes, una mayor evidencia de deterioro cognoscitivo evaluado neuropsicológicamente y peor evolución. En contraposición, los sujetos que desarrollan más tardíamente la enfermedad, que suelen ser las mujeres, muestran menor evidencia de anormalidades estructurales cerebrales o deterioro cognoscitivo y una mejor evolución.
Los estudios realizados acerca del tema, sugieren que la evolución de la esquizofrenia es variable, con episodios bruscos y remisión de algunos enfermos, mientras que otros permanecen crónicamente enfermos. Normalmente la remisión de este trastorno es bastante infrecuente; mientras que en los sujetos que no remite, algunos poseen un cuadro relativamente estable, mientras que otros muestran un empeoramiento progresivo que se asocia a su vez a una grave incapacidad.
Normalmente los síntomas negativos suelen presentarse ya desde el principio de la enfermedad, mientras que los síntomas positivos aparecen después. Debido a que los síntomas positivos son sensibles al tratamiento, los síntomas negativos son los que suelen persistir.
Hay una amplia variedad de enfermedades médicas que se presentan o pueden presentarse con síntomas y signos psicóticos.
De hecho, se diagnostica trastorno psicótico debido a enfermedad médica, delirium o demencia cuando existen pruebas en la exploración física, pruebas de laboratorio, o bien en la historia personal del sujeto que indican que las ideas delirantes y/o las alucinaciones son consecuencia directa de una enfermedad médica de fondo, como por ejemplo cuando existe un tumor cerebral.
Otro diagnóstico que se debe diferenciar es el trastorno psicótico inducido por sustancias, el delirium inducido por sustancias y la demencia persistente inducida por sustancias, que se distinguen de la esquizofrenia por el hecho de que es una sustancia la que es causa etiológica de las ideas delirantes o de las alucinaciones. Muchos de los trastornos relacionados con sustancias, como por ejemplo un consumo continuado de anfetaminas o de cocaína pueden producir los síntomas positivos, a saber, ideas delirantes y/o alucinaciones.
Lo ideal en estos casos es que el clínico puede tener un periodo prolongado de observación al paciente en abstinencia. Pero en estos casos, el clínico también puede ayudarse de otros datos, como son por ejemplo, la comprobación de si los síntomas psicóticos se atenúan cuando el consumo se interrumpe, la gravedad de los síntomas psicóticos que produce cada sustancia, así, por ejemplo, las anfetaminas pueden causar alucinaciones, pero no síntomas negativos manifiestos,…
Un diagnóstico difícil de diferenciar de la esquizofrenia es el trastorno del ánimo con síntomas psicóticos, debido a las alteraciones que se producen del ánimo. Si los síntomas psicóticos se producen sólo durante los periodos de alteración de los estados de ánimo, se deberá diagnosticar trastorno del ánimo con síntomas psicóticos. En la esquizofrenia, los síntomas afectivos tienen una duración breve en relación con la duración total de la alteración.
Se puede diagnosticar trastorno depresivo no especificado o trastorno bipolar no especificado cuando existen síntomas afectivos que cumplen los criterios de un episodio de alteración anímica superpuesto a la esquizofrenia. La esquizofrenia con tintes catatónicos es difícil de distinguir de un trastorno de ánimo con síntomas catatónicos.
La esquizofrenia debe distinguirse del trastorno esquizofreniforme, por definición; ya que en la esquizofrenia los síntomas deben estar durante, al menos, 6 meses, mientras que en el trastorno esquizofreniforme la duración de tales síntomas es de, al menos, 1 mes, pero de menos de 6 meses. Ocurre, además de que en el trastorno esquizofreniforme no se exige un deterioro de la actividad.
En el trastorno psicótico breve, ocurre algo similar que en el trastorno esquizofreniforme, ya que los síntomas de ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado,…debe durar por lo menos 1 día, pero menos de 1 mes. La diferencia entre esquizofrenia y trastorno delirante se basa en la naturaleza de las ideas delirantes, ya que en el segundo dichas ideas no son extrañas y hay una ausencia de otros síntomas característicos de la esquizofrenia (por ejemplo, alucinaciones o comportamiento desorganizado, entre otros).
Suelen existir dificultades, sobre todo en las primeras etapas del curso del trastorno, pudiendo establecerse el diagnóstico de trastorno psicótico no especificado, si no hay información suficiente para discernir entre esquizofrenia y otro trastorno psicótico.
Aunque tengan síntomas o signos en común, como por ejemplo, alteraciones del lenguaje, de la afectividad,…; los trastornos generalizados del desarrollo y la esquizofrenia pueden distinguirse en otros muchos marcadores. Así, por ejemplo, los trastornos generalizados del desarrollo se detectan durante la niñez normalmente a los 3 años), mientras que en la esquizofrenia, es raro un inicio tan temprano. Ocurre también, que en los trastornos generalizados del desarrollo hay una ausencia de ideas delirantes y alucinaciones. En algunas ocasiones, la esquizofrenia se presenta en sujetos con un trastorno generalizado del desarrollo, pero sólo se le puede dar diagnóstico (en estos casos) de esquizofrenia si ha habido ideas delirantes o alucinaciones importantes durante al menos 1 mes.
La esquizofrenia que tiene su inicio en la infancia debe saber distinguirse de los cuadros infantiles que combinan el lenguaje desorganizado y el comportamiento desorganizado.
Por último, la esquizofrenia comparte algunas características y puede ir precedida de los trastornos esquizotípico, esquizoide o paranoide de la personalidad.
Los criterios diagnósticos de la CIE-10 y el DSM-IV-TR son similares en muchos aspectos, pero no son idénticos. La investigación de la CIE-10 propone dos caminos distintos para cumplir los criterios diagnósticos de la esquizofrenia, a saber, uno de ellos es la existencia de un síntoma de Schneider de primer rango o delirios extraños; y el otro de ellos es la presencia de al menos dos de los otros síntomas característicos, como son, las alucinaciones acompañadas de delirios, trastornos del pensamiento, síntomas catatónicos y síntomas negativos.
La definición de esquizofrenia, según la CIE-10, tan sólo exige la duración de los síntomas durante al menos 1 mes, abarcando las características que en el DSM-IV vienen de la esquizofrenia y del trastorno esquizofreniforme. Además, la definición de la CIE-10 no requiere afectación en la actividad del individuo.
La principal característica del trastorno psicótico breve es una alteración que implica el inicio súbito, de cómo mínimo, uno de los siguientes síntomas positivos: ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado o comportamiento catatónico o gravemente desorganizado (criterio A). Esta alteración, dura, por lo menos, 1 día; pero debe durar menos de 1 mes, para luego el sujeto acabar recuperando por completo el nivel de funcionamiento previo (criterio B). esta alteración no puede ser atribuible a un trastorno del estado del ánimo con síntomas psicóticos, a un trastorno esquizoafectivo o a una esquizofrenia, y por supuesto, no puede ser atribuido a los efectos directos de ninguna sustancia o enfermedad médica (criterio C).
Normalmente estos sujetos presentan un gran desorden emocional o una abrumadora confusión, con alternancia en los distintos estados afectivos. Aunque sea breve, el nivel de deterioro puede ser grave, necesitándose la supervisión del sujeto para asegurar sus necesidades nutricionales e higiénicas además del posible deterioro cognoscitivo o de los comportamientos derivados de las ideas delirantes. Parece existir un riesgo de mortalidad elevado, sobre todo, en los casos más jóvenes. Parece que los trastornos de personalidad previos pueden predisponer al sujeto para el desarrollo de este trastorno.
Es importante hacer la distinción entre los síntomas del trastorno psicótico breve de los distintos patrones de respuesta culturalmente admitidos.
Se desconoce la incidencia y la prevalencia de los casos que llegan a la clínica. De todas formas, se sabe que las alteraciones que cumplen los criterios A y C pero que no cumple la B, es decir, la que nos dice que la duración de los síntomas activos es de 1 a 6 meses, no remitiendo en 1 mes, es más habitual en los países en vías de desarrollo que en los desarrollados.
La edad de inicio de este trastorno se suele situar alrededor de los 30 años, sin embargo, este trastorno puede aparecer en la adolescencia hasta la edad adulta. Este trastorno exige la remisión de los síntomas y el retorno al nivel premórbido de actividad, en un plazo de 1 mes. En algunos sujetos, la duración de los síntomas es muy breve, alrededor de unos pocos días.
Algunos de los datos que existen, apuntan a que este trastorno puede estar relacionado con los trastornos del estado del ánimo, mientras que otros datos apuntan lo contrario.
Hay una gran variedad de enfermedades que cursan con síntomas psicóticos de corta duración. Se debe diagnosticar trastorno psicótico debido a enfermedad médica o un delirium, cuando existen datos de que las ideas delirantes o las alucinaciones son efecto directo de una enfermedad médica subyacente. El trastorno psicótico inducido por sustancias, el delirium inducido por sustancias y la intoxicación por sustancias se distinguen de este trastorno por el hecho de que es una sustancia la que se considera etiológicamente relacionada con los síntomas psicóticos.
No se debe diagnosticar trastorno psicótico breve si los síntomas psicóticos son atribuibles a un episodio afectivo. Si los síntomas persisten durante 1 mes o más , el diagnóstico puede ser trastorno esquizofreniforme, trastorno delirante, trastorno del estado del ánimo con síntomas psicóticos o trastorno psicótico no especificado, dependiendo de los demás síntomas del cuadro.
Un episodio de trastorno facticio, con predominio de signos y síntomas psicóticos, puede parecerse a una trastorno psicótico breve, pero cuando la simulación implica síntomas aparentemente psicóticos, normalmente hay pruebas de que la enfermedad fue fingida con una finalidad comprensible.
En algunos casos de trastorno de personalidad, los factores psicosociales pueden desencadenar periodos breves de síntomas psicóticos. En estos casos, si los síntomas duran, por lo menos 1 día, puede ser adecuado realizar el diagnóstico adicional de trastorno psicótico breve.
La CIE-10 propone un sistema algo complicado para diagnosticar este trastorno, debido a que hay distintos diagnósticos según el tipo de síntomas y el curso que siguen. Ocurre, además, que la máxima duración de estos episodios psicóticos breves varía en función del tipo de síntomas, es decir, 1 mes para los síntomas parecidos a los de la esquizofrenia y 3 meses para los síntomas predominantemente delirantes.
La característica esencial de este trastorno consiste en una idea delirante que se desarrolla en el sujeto implicado en una relación con otra persona, a la que suele denominarse inductor o caso primario, que padece un trastorno psicótico con ideas delirantes (criterio A). El sujeto pasa a compartir las creencias delirantes del inductor en parte o en su totalidad (criterio B). La idea delirante no debe explicarse mejor por la presencia de otro trastorno psicótico (como por ejemplo, esquizofrenia) ni de un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos y no es debida a los efectos de ninguna sustancia o enfermedad médica (criterio C). El contenido de las creencias delirantes compartidas dependerá del diagnóstico del caso primario. Normalmente, el caso primario es el dominante en la relación, y gradualmente va imponiendo el trastorno a la otra persona. Si la relación con la persona inductora es interrumpida, las creencias delirantes de la otra persona suelen disminuir e incluso pueden llegar a cesar.
Aunque lo más común es que este trastorno se dé entre dos personas, puede ocurrir que este trastorno se presente en un número mayor de individuos. Es raro que los sujetos que padecen este trastorno busquen ayuda profesional.
Aparte de las creencias delirantes, es raro, que en este trastorno se den otros aspectos raros o inhabituales del comportamiento. El deterioro sufrido por el psicótico compartido es menor que el psicótico primario.
Hay poca información acerca de la prevalencia de este trastorno, ya que la mayoría de estos casos pasan desapercibidos; sin embargo, algunos datos sugieren que este trastorno tiene una mayor prevalencia en las mujeres.
Parece que la edad de inicio de este trastorno es muy variable, aunque no hay datos sistemáticos sobre esto. Si no se interviene, este trastorno llega a ser crónico. Normalmente con la separación del caso primario, el psicótico compartido junto con su ideación delirante va desapareciendo.
Este trastorno solo se diagnostica cuando dichas ideas delirantes no son debidas a los efectos de ninguna sustancia o enfermedad médica. El diagnóstico diferencial no suele ser un problema debido a que la estrecha relación con el caso primario y la similitud en sus ideas es algo característico en este trastorno.
En algunos casos raros, puede ocurrir que un sujeto aparezca con lo que parece ser un trastorno psicótico compartido, pero las ideas delirantes no desaparecen cuando el sujeto es separado del caso primario. En este caso probablemente sea adecuado diagnosticar otro trastorno psicótico.
La definición que la CIE- 10 da a este trastorno es idéntica que la que da la DSM-IV, excepto en que en el manual de la CIE-10 se le denomina trastorno delirante inducido.
Las alucinaciones y las ideas delirantes debidas a los efectos directos de alguna enfermedad médica son la característica esencial de este trastorno (criterio A). En las pruebas administradas o bien en el historial clínico deben existir pruebas de que dichos síntomas psicóticos son causa directa de la enfermedad (criterio B). La alteración psicótica no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (criterio C). No se establece este diagnóstico si la alteración aparece exclusivamente en el curso de un delirium (criterio D).
Las alucinaciones que aparezcan pueden ser de cualquier modalidad sensorial, pero también hay que decir que ciertos factores etiológicos desencadenen fenómenos alucinógenos específicos. Las alucinaciones pueden ser simples o amorfas, o muy complejas y organizadas, dependiendo siempre de la causa, las condiciones ambientales, la naturaleza y la localización de la lesión.
Normalmente no se establece el diagnóstico de trastorno psicótico debido a enfermedad médica si el sujeto conserva el juicio de realidad para la alucinación y se da cuenta de que las alucinaciones son producto de la enfermedad que posee. Las ideas delirantes pueden ser de distintos temas, por ejemplo, en algunos casos la epilepsia del lóbulo frontal puede producir ideas delirantes con temática religiosa.
Para conceder este diagnóstico, el clínico tiene primero que constatar la presencia de la enfermedad y en segundo lugar debe encontrar la relación entre dicha enfermedad y el trastorno psicótico. Para establecer el diagnóstico, el clínico puede ayudarse, por ejemplo, en la asociación temporal entre el inicio, la exacerbación o la remisión de la enfermedad médica y el trastorno psicótico.
Son muchas las enfermedades médicas que pueden causar algún tipo de trastorno psicótico. Entre ellas destacamos, las enfermedades neurológicas, las enfermedades endocrinas, las enfermedades metabólicas, alteraciones del equilibrio hidroelectrolítico, enfermedades hepáticas o renales y trastornos autoinmunes con afectación del sistema nervioso central. Entre las enfermedades neurológicas, las que más se asocian a ideas delirantes son las que afectan a estructuras subcorticales o del lóbulo temporal.
Las tasas de prevalencia son difíciles de estimar debido a que hay una amplia variedad de etiologías médicas, sin embargo la investigación indica que este síndrome se haya infradiagnosticado en los centros médicos. Los síntomas psicóticos pueden aparecer hasta en un 20% de los individuos que padecen trastornos endocrinos; y hasta un 40% de los sujetos que presentan epilepsia del lóbulo temporal.
Este trastorno puede presentarse en un estado único transitorio o bien de forma recurrente. Normalmente el tratamiento de la enfermedad médica suele acabar con los síntomas psicóticos, este no siempre es el caso, y los síntomas psicóticos pueden durar hasta tiempo después de remitida la enfermedad.
Las ideas delirantes y las alucinaciones son habituales en el delirium, sin embargo, no se realiza el diagnóstico independiente de trastorno psicótico debido a enfermedad médica si la alteración aparece sólo durante el curso del delirium. Se puede establecer el diagnóstico de demencia si los síntomas psicóticos son consecuencia de la propia demencia. En el caso de que las ideas delirantes aparezcan en una demencia vascular, no se realiza el diagnóstico de trastorno psicótico debido a enfermedad médica, sino el de demencia vascular del subtipo con ideas delirantes.
Si hay evidencia de que los síntomas psicóticos son producidos por el consumo de alguna sustancia, o bien de su abstinencia, se debe considerar el trastorno psicótico inducido por sustancias, como su posible diagnóstico. Si el clínico comprueba que la alteración es consecuencia tanto de la enfermedad médica como del consumo de determinadas sustancias, entonces puede dar ambos diagnósticos, es decir, trastorno psicótico debido a enfermedad médica y trastorno psicótico inducido por sustancias.
El trastorno psicótico debido a enfermedad médica ha de distinguirse de un trastorno psicótico primario (por ejemplo, esquizofrenia, trastorno delirante,…) o de un trastorno primario del estado de ánimo con síntomas psicóticos; ya que en ambos no puede demostrase la existencia de ninguna enfermedad médica relacionada con la etiología de los síntomas psicóticos. Aparte, las alucinaciones auditivas que implican voces, son más características de la esquizofrenia, mientras que otros tipos de alucinaciones (por ejemplo visuales y olfativas) indican mejor la existencia de un trastorno psicótico debido a enfermedad médica o de un trastorno psicótico inducido por sustancias.
Se diagnostica de trastorno psicótico no especificado cuando el clínico no puede determinar si la alteración psicótica es primaria, inducida por sustancia o debida a una enfermedad médica.
Este trastorno viene recogido en los criterios de clasificación de la CIE-10 como alucinosis orgánica o trastorno delirante orgánico, dependiendo de la presentación clínica que posea.
La principal característica de este trastorno es la presencia de alucinaciones o ideas delirantes (criterio A) que se consideran efectos directos de alguna sustancia, ya sea una droga, un medicamento o bien un tóxico (criterio B). No se deben incluir las alucinaciones cuando el sujeto es consciente de que son provocadas por dicha sustancia. La alteración no se explica mejor por la presencia de un trastorno psicótico no inducido por sustancias (criterio C). Tampoco se establece el diagnóstico sin los síntomas psicóticos sólo aparecen en el curso de un delirium (criterio D).
El diagnóstico de trastorno psicótico inducido por sustancias, sólo debe realizarse si los síntomas son excesivos en relación con los habitualmente asociados con el síndrome de intoxicación por abstinencia, y cuando los síntomas son de suficiente gravedad para merecer atención clínica.
Este trastorno sólo se produce en asociación con estados de intoxicación o abstinencia, pero pueden persistir durante semanas, mientras que en los trastornos psicóticos primarios pueden preceder al inicio del consumo de la sustancia o bien pueden producirse tras largos periodos de abstinencia. Una vez iniciados los síntomas pueden continuar mientras dure el consumo de la sustancia.
Se ha sugerido que 9 de cada 10 alucinaciones no auditivas son producto de un trastorno psicótico inducido por sustancias o de un trastorno psicótico debido a enfermedad médica. Hay que tener cuidado, además, porque incluso en una persona con intoxicación o abstinencia se han de tener en cuenta otras posibles causas de síntomas psicóticos, ya que, entre otras cosas, los problemas por consumo de sustancias no son raros entre las personas con trastornos psicóticos (no inducidos por sustancias).
Las sustancias que pueden desencadenar trastornos psicóticos son: alcohol, alucinógenos, anfetaminas y sustancias de acción similar; cannabis, cocaína, fenciclidina y sustancias de acción similar; inhalantes; opiáceos (meperedina); sedantes, hipnóticos y ansiolíticos, y otras sustancias o desconocidas.
Los síntomas psicóticos también pueden presentarse por la abstinencia de estas sustancias: alcohol; sedantes, hipnóticos y ansiolíticos; y otras sustancias y desconocidas.
El inicio de estos síntomas varía dependiendo de la sustancia. Las alucinaciones que se producen pueden ser en cualquier modalidad, sin embargo, las más habituales en ausencia de delirium, son las auditivas. La intoxicación por anfetaminas y cocaína comparte características clínicas. El trastorno psicótico inducido por cannabis puede aparecer por el consumo de grandes cantidades y suelen ser ideas delirantes de persecución, pero aparentemente es un trastorno poco frecuente. Puede haber también marcada ansiedad, labilidad emocional, despersonalización y amnesia posterior al episodio. Todo esto suele remitir en 1 día, pero a veces, dura algunos días más.
Puede ocurrir que los trastornos psicóticos inducidos por sustancias no se resuelvan con rapidez tras retirar el agente que los causa. Cuando pasa esto es difícil diferenciar este cuadro de los trastornos psicótico son inducidos por sustancias.
Algunos medicamentos pueden provocar síntomas psicóticos, entre los que se incluyen los anestésicos, analgésicos, agentes anticolinérgicos, anticonvulsivantes, antihistamínicos, antihipertensivos, medicamentos cardiovasculares, antimicrobianos, antiparkinsonianos, agentes quimioterápicos, corticoesteroides, medicamentos gastrointestinales, relajantes musculares, antiinflamatorios no esteroideos, medicamentos de libre dispensación, antidepresivos y disulfiram.
Sólo se debe realizar un diagnóstico de trastorno psicótico inducido por sustancias en lugar de un diagnóstico de intoxicación por sustancias o de abstinencia de sustancias cuando los síntomas psicóticos sean excesivos en relación con los habitualmente asociados a los síndromes de intoxicación o abstinencia y cuando los síntomas sean de suficiente gravedad como para merecer la atención clínica independiente.
Si el juicio de la realidad permanece intacto, no se puede diagnosticar este trastorno. En su lugar deberá aparecer el diagnóstico de intoxicación por o abstinencia de sustancias, con alteraciones perceptivas. Los flashbacks alucinatorios que pueden parecer largo tiempo después de haber usado alucinógenos son diagnosticados como trastorno perceptivo persistente por alucinógenos.
Si los síntomas psicóticos aparecen exclusivamente en el transcurso del delirium, dichos síntomas psicóticos son considerados un síntoma asociado al delirium. Se debe diferenciar muy bien el trastorno psicótico inducido por sustancias del trastorno psicótico primario, ya que es este segundo trastorno no es una sustancia la causante de los síntomas.
Un trastorno psicótico inducido por sustancias debido a un tratamiento recetado por una enfermedad médica o mental debe iniciarse mientras el sujeto está tomando la medicación. Cuando el tratamiento ha sido interrumpido, los síntomas psicóticos deben remitir al cabo de unos días o de algunas semanas, dependiendo de la vida media de la sustancia consumida; pero si los síntomas persisten más allá de 4 semanas, habrá que considerar otras posibles causas. A veces es necesario un cambio de medicamento , para ver si es el medicamento el agente causal. Si el clínico comprueba que la alteración es debida tanto a enfermedad médica como al consumo de alguna sustancia, entonces se deben dar ambos diagnósticos.
Cuando los datos no son suficientes para determinar si los síntomas son producidos por determinadas sustancias, o si son síntomas primarios, o bien si son debidos a laguna enfermedad médica, se determinará trastorno psicótico no especificado.
La CIE-10 divide este trastorno en dos categorías: 1) trastorno psicótico debido al consumo de sustancias psicoactivas, si los síntomas aparecen las primeras dos semanas del consumo; y 2) trastorno psicótico de inicio tardío al consumo de sustancias psicoactivas, si los síntomas parecen entre las 2 y las 6 semanas de haberse iniciado el consumo. En esta clasificación se requiere una duración mínima de 6 meses.
Esta categoría incluye una sintomatología psicótica sobre la que no se dispone de suficiente información para establecer un diagnóstico específico o del que hay informaciones contradictorias, o bien trastornos psicóticos que no cumplen algunos criterios.
Los principales instrumentos a través de los cuales se puede evaluar la esquizofrenia, o sus principales síntomas, son los que presentamos, primero de forma esquemática, y más tarde se desarrollarán algunas de sus principales características:
