La evaluación cuantitativa de la condición mental debe ser parte de la evaluación inicial de demencia. El examen neuropsicológico de individuos sospechosos de padecer un síndrome demencial tiene tres objetivos fundamentales:

1. Proporcionar información necesaria para el diagnóstico exacto y fiable del síndrome demencial; 2. Establecer una medida estándar y fiable para poder valorar la gravedad del síndrome demencial y determinar longitudinalmente el proceso de deterioro cognoscitivo; y 3. Ofrecer información necesaria para determinar las limitaciones funcionales de los pacientes en su vida diaria.

En las demencias, las manifestaciones neuropsicológicas ocupan un lugar destacado en el cuadro clínico, siendo imprescindible la exploración detallada de las mismas mediante la utilización de tests neuropsicológicos estandarizados. No obstante, la delimitación neuropsicológica de las demencias presenta una serie de dificultades que pueden englobarse en dos grupos:

1.  Relacionadas con la población en estudio:
  • La heterogeneidad de los procesos de envejecimiento cerebral.
  • Las diferencias individuales de reserva cognitiva o capacidad de reserva cerebral.
  • La frecuente coexistencia de enfermedades crónicas que afectan las funciones cognitivas en particular la depresión.
  • La presencia de otros factores de confusión que reducen la validez de los resultados como: edad avanzada, baja o alta escolaridad, déficits físicos y sensoriales, escasa cooperación, fatiga, escasa familiaridad de los ancianos con este tipo de evaluación.

2.  Relacionadas con la metodología de la neuropsicología en el campo de las demencias:
  • La comparación cuantitativa de un individuo con una “lesión cerebral” con un grupo normativo de individuos con “cerebros intactos” no es científicamente lícita ya que el cerebro lesionado se reorganiza funcionalmente.
  • La sensibilidad y especificidad de una exploración neuropsicológica dependerá de la adecuación de los instrumentos seleccionados por el examinador para explorar un caso concreto.
  • La inespecificidad de los tests neuropsicológicos ya que raramente un test es específico de una función mental independiente.
  • La ausencia de relación unívoca de un rasgo clínico con una topografía lesional, es decir, manifestaciones clínicas idénticas no tienen por que ser producidas necesariamente por un mismo mecanismo.
  • La validez ecológica de los instrumentos de valoración cognitiva.
  • Debido al carácter dimensional de las funciones mentales en los casos de deterioro cognoscitivo leve no existen criterios operativos claros (desviación de la media estandarizada) para considerar el rendimiento en una función como patológico, ni para controlar las diferencias culturales o exigencias sociales entre diversas poblaciones o individuos.
  • La evaluación neuropsicológica debe analizar el nivel de consciencia, atención para responder a los estímulos sin distraerse, orientación en tiempo y espacio, memoria de fijación y remota, comprensión del lenguaje hablado y escrito, escritura y lectura elementales, nominación y repetición, gnosias visuales auditivas y táctiles, praxias y habilidades constructivas, pensamiento abstracto y juicio, afrontar situaciones nuevas, programación de secuencias. Es necesario tener en cuenta el nivel de inteligencia previo, el cultural y la existencia de alteraciones sensoriales que puedan interferir la exploración.
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