La característica esencial de la demencia debida a traumatismo craneal es la presencia de una demencia que se considera como un efecto fisiopatológico directo del traumatismo craneal.


En los países desarrollados los traumatismos craneoencefálicos (TCE) constituyen un problema médico y social de primer orden. Las secuelas que producen tienen una importante repercusión en el medio laboral, social y familiar. Desde el punto de vista sanitario comprometen a un importante número de especialistas, de tal forma que se han creado unidades especializadas de daño cerebral traumático, con el fin de conocer mejor esta patología y así poder tratar o al menos paliar sus efectos nocivos. Las tres especialidades médicas más directamente comprometidas con los TCE son la medicina laboral, la neurología y la psiquiatría.


Los cuadros clínicos observados por los neurólogos son muchas de las veces secuelas de lesiones focales como trastornos motores o sensitivos, epilepsias etc. Pero además algunos pacientes desarrollan trastornos de conducta, estables o progresivos que merecen ser tenidos en cuenta en todo debate o puesta al día de las demencias.


Algunos de estos trastornos pueden y deben ser tratados por psiquiatras. Así hay pacientes a quienes las secuelas físicas producidas por el TCE les impide un desarrollo normal de su actividad previa al trauma, lo cual produce trastornos depresivos, de adaptación etc. Otras veces el recuerdo del sufrimiento pasado, la pérdida en el mismo accidente de personas queridas, el sentido de culpa lleva a trastornos psicológicos de difícil manejo. Estos trastornos de conducta son puramente psiquiátricos y aunque a veces son progresivos y tienen un mal pronóstico no son auténticas demencias.


Sin embargo, conviene recordar que pacientes con traumatismos previos, únicos o múltiples, desarrollan a lo largo de los años demencias verdaderas con el característico cuadro de afasia, apraxia y agnosia de curso progresivo y fatal. Un ejemplo es la conocida demencia pugilística en la que al cuadro cortical se asocian síntomas extrapiramidales. La demostración de amiloide transcurridas pocas horas después de un traumatismo en el 30% de cerebros de autopsias de pacientes que han sufrido TCE graves, incluso en niños, ha llamado la atención de los interesados en el estudio de las demencias (McIntosh et al., 1996). La trascendencia y repercusión de estos hechos observados está por demostrar.

 

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