Los anticonvulsivantes, en general, provocan alteraciones cognitivas, especialmente las difenilhidantoínas. En concreto, el cuadro de síntomas se caracteriza por somnolencia, lentitud psicomotora y alteraciones de la memoria. Dentro de los fármacos indicados para el tratamiento de las convulsiones, la fenitoína es uno de los más utilizados. El cuadro clínico de una intoxicación aguda o crónica es similar. Inicialmente, la fenitoína afecta a la función cerebelosa y vestibular, si aumenta la concentración se afecta la función cerebral. Con niveles entre 20 y 40 microgr/ml la intoxicación es leve, pudiendo observarse como síntomas más frecuentes mareos, visión borrosa, diplopia y nauseas; además se puede producir ataxia, temblor, letargia, vómitos, dificultad para hablar, las pupilas pueden estar normales o dilatadas y nistagmo en todas direcciones. Con niveles más altos de fármaco el paciente estará confuso, con alucinaciones o presentará un comportamiento psicótico, progresando hasta que se produce depresión del SNC, con pupilas que reaccionan lentamente y disminución de la respuesta de los reflejos tendinosos profundos.
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