Según el DSM-IV, el síndrome amnésico se caracteriza por un deterioro de la capacidad de aprender nueva información o incapacidad para recordar información previamente aprendida (Criterio A). Esta alteración puede ser lo suficientemente intensa como para provocar un destacado deterioro de la actividad laboral o social, pudiendo representar una merma importante del nivel previo de actividad (Criterio B). Los individuos con trastornos amnésicos pueden experimentar como resultado de sus déficits de memoria, graves deterioros de su capacidad personal o social, requiriendo una supervisión cotidiana para asegurar su alimentación y cuidados mínimos.

El rasgo clínico sobresaliente es la alteración de la memoria reciente, no obstante, la memoria remota también puede estar afectada. Aunque la memoria de un pasado lejano como experiencias de la infancia está conservada; la memoria para sucesos menos remotos como los de la última década está afectada. El déficit afecta más a la memoria episódica, que la semántica.

 

El diagnóstico de trastorno amnésico implica que el deterioro de la memoria no aparezca exclusivamente en el transcurso de un delirium o de una demencia (Criterio C). Un aspecto a tener en cuenta es que en el trastorno amnésico la capacidad para repetir inmediatamente una secuencia de información, como es la presentación de una serie de dígitos, no suele estar alterada. Por el contrario, cuando esta capacidad se muestra alterada, puede hacernos sospechar la presencia de una alteración de la atención, que puede ser indicativa de delirium.

Por último, el DSM-IV establece como cuarto criterio (Criterio D) la demostración, a través de la historia, de la exploración física o de las pruebas de laboratorio, de que la alteración es un efecto directo de la enfermedad médica, incluyendo las consecuencias físicas de un traumatismo

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